
Imagen de Associated Press proporcionada por la Armada de los Estados Unidos.
Un incendio controlado cerca de México despliega una nube de humo digna de algún volcán islandés. Mientras, desde la planta petrolera de BP se afirma oficialmente que “la contención del vertido está fuera de control”. Se ha sellado con éxito una de las tres fugas, pero aún salen al mar unos 800.000 litros diarios de fuel, que suponen unos 5.000 barriles de crudo (el Prestige soltó 77.000 toneladas a las playas gallegas en 2002).
Pero no es tanto la pérdida económica como la medioambiental. Las acciones para parar esta gran mancha de crudo, que se acerca silenciosamente hacia Luisiana, son cada vez más polémicas. Varios grupos de ecologistas se han quejado por el uso de dispersantes químicos sobre la mancha, que pueden afectar también a las especies marinas y a todo el ecosistema en general, puede que incluso en mayor medida que el propio vertido.
Miles de voluntarios esperan a la llegada del petróleo a las playas, mientras que BP intenta reparar el destrozo ecológico que ha causado mediante la construcción de una campana para succionar el crudo a 1.500 metros bajo el nivel del mar. Esta acción nunca ha sido probada en alta mar. En los próximos días veremos si en este caso ocurre, como se suele decir, que el remedio sea peor que la enfermedad.
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