jueves, 6 de mayo de 2010

Mens sana ...y Móstoles sano

Un curso que nos ayude en nuestro día a día y además nos aporte más conocimientos no tiene por qué costar dinero. La educación va más allá de las instituciones convencionales y ya se instala en las concejalías de muchos municipios para aportar gratuitamente formación a sus ciudadanos. Un buen ejemplo es la Escuela Municipal de Salud de Móstoles.

En 1998 nace la Escuela Municipal de Salud de Móstoles. En este municipio madrileño ya se practicaban acciones de educación para la salud pero se reconvirtieron las directrices y objetivos según la Declaración de Yakarta sobre la promoción de la salud en el siglo XXI celebrada en julio de 1997.

Este curso 2009-2010 se han impartido 15 cursos, dos jornadas y una mesa redonda para que los mostoleños aprendan a alimentarse, dormir, relacionarse con los miembros de la familia y controlar el estrés. Cada curso está dirigido a aquellos grupos de población que necesitan conocer los objetivos que se tratan. Hay cursos para toda la población general, pero también los hay dirigidos a mujeres como el curso "Mujer y Salud" o para personas mayores de 65 años como los cursos de "Entrenamiento de Memoria". Incluso, los alumnos de los institutos de la localidad también han asistido a estas jornadas formativas.

Marisa Relaño es una de las agentes de salud que imparten estos cursos.

Pregunta:
 ¿De qué tipo son los grupos a los que dan mayor número de charlas?


Marisa Relaño: La mayoría de los grupos están formados por mujeres de más de 50 años, ese es el grueso más importante de la población a la que nos dirigimos. A medida que la edad avanza, mayores de 60 ó 65 años hay más hombres porque al estar jubilados pueden asistir mejor a las clases de por la mañana. Luego está el otro grupo de chicos jóvenes de los institutos.

Marisa piensa que las mujeres siempre se han interesado más por los temas de carácter formativo y reconocen más este tipo de actividades y que los hombres no siempre pueden asistir en los turnos de impartición porque están trabajando. Sin embargo, cuando estos cursos se imparten en las asociaciones, en turnos de tarde, el número de mujeres y hombres es muy similar.

P: ¿Hacia dónde cree que va dirigido el interés de los alumnos en cada curso? ¿Cree que van por pasatiempo, para saber más, para aplicarlos con otras personas...?

M.R.: Sobre todo van para mejorar. Las primeras veces venían sin saber para ver qué les podíamos dar, para pasar un poco el tiempo pero ahora tras 10 años ya de andadura de la Escuela, han corrido mucho la voz. Ahora la gente viene porque sabe que puede mejorar, que puede ser protagonista de su vida y mejorar sus niveles de salud. Vienen a aprender y escogen. Ya no vienen a ciegas ahora eligen porque otros se lo han recomendado. Además luego las señoras quedan cuando han terminado los cursos, se comentan cosas y se ven.

Cada curso está programado en unas fechas concretas que se dan a conocer con folletines pero de los que también podemos encontrar información de ellos en la web

En un principio, aquellas personas que se han inscrito en un curso no pueden volver a cursarlo en otra convocatoria diferente porque impedirían que otros ciudadanos interesados pudieran disfrutarlo. Lo que sí está permitido es solicitar inscribirse en varios de los cursos de la oferta de esta Escuela de Salud. Pero esto ha generado demandas de los alumnos de algunos cursos determinados. Relaño explica "los que hicieron el curso de 'Ganando salud con las emociones positivas' nos pidieron hacer un segundo curso que profundizara el nivel. Es algo que a la Escuela nos gustaría hacer pero que limitaría la cantidad de gente a la que nos dirigimos porque habría un grupo privilegiado y la Escuela lo que pretende es llegar al mayor número de gente posible y que a partir de ahí cada individuo busque los recursos y las formas de cómo profundizar en ello para seguir avanzando".

P: ¿Cuál es el curso del que menos formación previa tienen los alumnos?

M.R.: El curso de las emociones, no sabían bien lo que era. Desde nivel cero nunca, porque siempre se sabe algo, pero sin haber tenido mucha formación podría decir ese. También el de estrés y sexualidad porque venían con muchos conceptos o ideas erróneas. De alimentación o de menopausia sí que sabían más cosas antes de pasar por el curso.

P:
¿Cómo explicaría la metodología que utilizan?

M.R.:
Lo fundamental es que la gente aprenda desde sus propios conceptos. La primera sesión de presentación y de recogida de expectativas nos sirve para saber qué espera la gente y qué trae. Trabajamos sobre sus propios conceptos, vamos añadiendo nuevos pero trabajamos sobre lo que la gente sabe. Luego potenciamos que el grupo se enriquezca. Quizás uno no sabe algo teóricamente pero si que lo está practicando, así que intentamos que eso salga. Se crea una relación muy bonita en el grupo con un buen clima de complicidad y nos reímos mucho. En estas clases no se toman apuntes. Nosotras entregamos una documentación que entregamos a los alumnos donde se explica lo que se trata en la clase y bibliografía para que puedan consultar. Nosotras llevamos un guión preparado porque hay cosas que son imprescindibles y que hay que enseñar, pero después según lo que salga de cada grupo.

P:
¿Por qué recomendarías estos cursos?

M.R.:
Porque van estupendamente (risas). Porque la gente necesita saber que para estar mejor o para tener mejor salud no solamente hay que ir al médico es que yo puedo hacer algo por mi salud, yo puedo hacer algo por mejorarme a mí y a mis relaciones, por alimentarme mejor....YO puedo hacer algo. Por eso lo recomiendo, sinceramente.

Estos cursos no admiten un gran número de participantes ya que esto dificultaría la impartición de éstos así como la participación con preguntas o vivencias de los asistentes. Las agentes de salud de esta Escuela son sólo cinco para los diversos cursos y la demanda de los ciudadanos es cada vez mayor.

P:
¿En qué cree que debería mejorar la Administración (local) con estos talleres?

M.R.:
Pues debería mejorar contratando, por lo menos, el doble de gente porque la demanda es muy grande y nosotras, el equipo, somos cinco, no hay más. Entonces cinco para llegar a toda la población, más los institutos, más las ferias de Móstoles, las jornadas, las mesas redondas...deberíamos ser el doble.

Sobre todo, podrían mejorar habilitando un espacio formal para la Escuela porque no tenemos aula estable, tenemos que ir pidiéndola y yo creo que la Escuela se merece un sitio estable y ampliar la plantilla.

P:
 ¿Y en qué deberían mejorar los participantes?

M.R.:
Mejoran mucho pero siempre se pueden implicar más. Podrían también dar un segundo paso que es convertirse también en agentes de salud, algunas personas de hecho lo hacen. En algunas asociaciones, como en AFINSYFACRO (Asociación de enfermos de fibromialgia), dimos unos cursos de entrenamiento de memoria, de sexualidad y de emociones y ha habido un grupo de tres o cuatro personas que han puesto en marcha sesiones de formación para personas que no tenían este tipo de formación. En algunos casos han funcionado como agentes de salud y ése sería el siguiente paso.

P:
¿Cómo cree que salen los alumnos tras estas jornadas?

M.R.:
Sorprendida. Están acostumbradas, quizás, a recibir otro tipo de formación. Nosotras utilizamos un lenguaje muy llano, que todo el mundo entiende y la gente sale con la sensación de que puede hacer algo.

Pero no sólo los alumnos salen con un aprendizaje, las agentes de salud también aprenden gratis con estos cursos. Después de haber conocido estos cursos y al alumnado que acude a ellos, la experiencia de Marisa Relaño como instructora deja un buen sabor de boca.

P:
¿Qué es lo que más te gusta del trabajo que realizas?

M.R.:
Lo que más me gusta es la posibilidad que me da de aprender de la gente. Nosotras aprendemos muchísimo. Aprendemos de lo que leemos, estudiamos y la formación continua que requiere la Escuela pero aprendemos mucho de los grupos. La gente te enseña por dónde hay que ir, dónde hay que corregir,en qué hay que hacer más hincapié y el trabajo con la gente es impresionantemente bueno.

P:
Una anécdota

M.R.:
En el primer curso que hicimos de estrés y relajación, había una mujer bastante joven, de unos 35 años, que era muy nerviosa. En la segunda o la tercera sesión nos contó que una vez en una cuesta se le caló el coche y se le fue hacia atrás y golpeó a otro. Entonces cada vez que iba a esa rampa no podía porque se ponía muy nerviosa y lo pasaba fatal. Ella entendió lo que le pasaba cuando explicamos que anticipas lo que te va a pasar, una vez que has vivido una mala experiencia, tú te predispones a que te vuelva a pasar. Les explicamos los procesos internos del cuerpo y ella puso en práctica lo que había aprendido y venía como loca porque había pasado la rampa sin que se parase el coche. Todo el mundo le aplaudió muchísimo.
Luego otra historia curiosa en el taller de memoria nos la trajo una pareja que eran muy mayores, de unos 80 años. Un día vino el hombre y me dijo que me quería dar muchos besos porque su mujer había dejado de quemar cacerolas. Resulta que la mujer ponía la comida a hacer y se iba a hacer la cama. Se olvidaba de que estaba al fuego y entonces se le quemaba y decía que salían a cacerola diaria. Entonces hay dos técnicas: una es no irse de la cocina y otra ponerse una avisador. Entonces ella se ponía la alarma y se acordaba. El hombre vino encantadísimo.

Formarse en salud no es cuestión de invertir grandes cantidades de dinero sino de voluntad propia y de saber buscar recursos que puedan ayudarnos para ello. La solución puede estar en nuestro propio entorno.

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