miércoles, 5 de mayo de 2010

Los 8 Fracasos del Milenio de la ONU

Poco más de cuatro años y medio. Éste es el tiempo que le queda a la ONU para que se acabe el plazo que se marcó en el año 2002 para lograr sus Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para conseguir llevar a buen puerto una serie de ideas bucólicas que no han sido tomadas demasiado en serio por la comunidad internacional.

En temas de medio ambiente, el Objetivo 7 es muy claro a la hora de apuntar hacia el desarrollo sostenible y el ahorro de recursos. Pero no sólo los líderes mundiales dieron la espalda a este precepto en Copenhague, sino que a día de hoy se permite que una planta petrolera esté tirando al mar miles de litros de crudo sin que nadie ponga remedio. El agua potable sigue siendo un sueño para millones de africanos que se ven obligados a beber de riachuelos de color naranja. La diferencia entre ricos y pobres se agudiza, por lo que las condiciones de los barrios marginales sigue siendo la misma que años atrás.

El Objetivo 8 carece de plazo de realización, pero no por ello es el menos importante. Se podría decir que es tan crucial que se lleve a cabo que debería haberse puesto ya en marcha. En un mundo globalizado es inadmisible que existan desigualdades tan visibles entre países, pero resulta muy bonito afirmar cosas como que “se proporcionará el acceso a medicamentos esenciales en los países en desarrollo a precios asequibles”. Frases como ésta acallan las conciencias de los Estados desarrollados, que ven cómo cada día los niños que tuvieron la mala suerte de nacer en otros continentes mueren por la carencia de vacunas que a ellos les sobran. Son, además, demasiado orgullosos como para rebajar las deudas contraídas años atrás con países en vías de desarrollo. Una deuda no puede ser sostenible para aquellos lugares en los que la población ni siquiera tiene para comer. Y menos para países como Haití, donde lo han perdido todo.

El hecho de fijar unas metas no debe dejar a nadie indiferente, y menos a los Estados que llevan las riendas de nuestras vidas. Se debe ofrecer un compromiso claro y sin excusas. Porque el futuro del mundo depende de las decisiones que se tomen ahora, y si a día de hoy lo que propone la ONU no se cumple, ¿qué directrices se cumplirán mañana?

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