Sólo faltan 5 años para llegar a la fecha límite que la ONU fijó en los Objetivos del Desarrollo del Milenio y podemos sentir el fracaso de no haber conseguido superar ninguno de los ocho.
El primer objetivo es erradicar la pobreza extrema y el hambre. De entrada el primero se nos hace imposible y más teniendo en cuenta el periodo de crisis en el que estamos inmersos. No podemos ponernos excusas. Desde el año 2000 al 2008 - año en el que comenzó la crisis- los PIB´s (Producto Interior Bruto) mundiales experimentaron procesos de crecimiento muy altos. Estados Unidos pasó de tener un PIB en el 2000 de 9,765 trillones a 14,1 trillones en el 2008. Durante el mismo periodo China pasó de 1,193 trillones a 4,327 trillones, Sudáfrica de 132,9 billones a 276,4 billones, Australia de 399,6 billones a 1,017 trillones y España de 580,7 billones a 1,604 trillones. Había bonanza a nivel mundial.
En 1980, la Asamblea General de la ONU concretó la ayuda oficial al desarrollo en un 0,7% del PIB, sin embargo, sólo Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia cumplieron esta meta. El resto de los países desarrollados ha mantenido su ayuda oficial para el desarrollo en alrededor del 0.3 %.
Aquello por lo que muchas ONG´s luchan a diario no parece que pueda ponérsele un fin fácil. Más aún cuando la cancelación de la deuda con los países en vías de desarrollo no se ha hecho efectiva y sólo se tiene prevista su cancelación en supuestos especiales, como es el caso de Haití. El pasado 2 de abril, la Asamblea Parlamentaria ACP-UE (países de África, Caribe y Pacífico y la Unión Europea) aprobaron una resolución en favor de suprimir dicha deuda y acelerar la reconstrucción del país caribeño.
No podemos esperar a que catástrofes naturales nos adviertan de las necesidades por las que pasan los países pobres ni tampoco dar ayudas económicas puntuales. Debemos ayudarles a que ellos puedan ser independientes y puedan valerse sin pedir créditos a los países que los hagan endeudarse más. Con la correcta utilización de todos los recursos de estos países por parte de los indígenas estarán preparados. Sin embargo, con una deuda que arrastran desde hace décadas es difícil ser independiente.
Es fácil que ahora sólo pensemos en salvarnos a nosotros mismos de la crisis y volver a la etapa de bonanza anterior pero hay que saber volver a mirar a aquellos que viven en una crisis permanente y sobreviven con menos de un euro o un dólar al día.
El segundo objetivo trata sobre la alfabetización y la educación: lograr la enseñanza primaria universal. Aunque no existe un criterio para medir los índices de alfabetización en el mundo, ni para cifrar una edad ni el nivel cualitativo de escritura y lectura, la mayor parte de las fuentes toma la edad de 15 años como límite para haber alcanzado una enseñanza básica.
En 1998 la ONU determinó crear la figura, por un período de tres años, de un Relator Especial cuyo mandato se centraría en el derecho a la educación, tal como se enuncia en el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Actualmente, este Relator es Vernor Muñoz Villalobos. Él es el representante de la lucha contra el analfabetismo y realiza informes que analizan este derecho en casos prácticos.
Sabiendo que la ONU tiene un cargo específico para la alfabetización está claro que queda mucho por hacer. Pero no sólo son los niños, hay muchas mujeres y ancianos que no han tenido acceso a saber leer y escribir y sobre ellos también recae este derecho.
Por ejemplo, la ONG Global Humanitaria tiene proyectos de entrega de material escolar, construcción de aulas y la formación de educadores en países como Guatemala o Nepal. Además, no hace falta salir de España para conocer casos de analfabetismo (aunque los datos no son tan llamativos) y es que en colectivos marginales siguen quedando casos de niños no escolarizados.
Es importante que además de fijarnos unas metas a nivel internacional sepamos cumplirlas. Hay que tomar conciencia de que con una colaboración a nivel personal, como hacerse voluntario de una ONG, se puede aportar una pequeña ayuda para conseguir estos objetivos que se fijaron para cumplirse en 15 años y que, de momento, parecen imposibles.

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